Antihéroe moderno

Yamcha a topeRuinoso mortal, ¿qué haces ahí parado pensando? ¡Actúa, maldito vegetal! Mira los niños hambrientos de África. Eso son los que tienen verdaderos problemas, no tú.

Esa cama tan calurosa ya huele demasiado a ti. Sal afuera ahora mismo, consigue un buen trabajo, vive alguna experiencia inolvidable, consigue una pareja estable, aumenta tu lista de contactos importantes y vuelve a casa a la hora de comer.

¿Presión? Aún eres joven e inocente, tienes tiempo para convertirte en alguien. Eso sí, la competencia es un poco brutal y como no te des prisa, morirás como un solterón mediocre, un nadie para todos. ¿Quieres eso? ¿Qué es lo que quieres? Vaya, ni eso… Pues la llevas clara, chaval.

Descansa, anda, descansa, para tus músculos se ablanden tanto como tu carácter. Quizá te caiga del cielo un inmerecido golpe de fortuna y tus circunstancias cambien de repente. No debería suceder, pero todo mortal tiene derecho a disfrutar de la buena suerte. Mira, ahí la tienes, en forma de sorprendente llamada telefónica. Hay que joderse: qué poca heroicidad se necesita para sobrevivir aquí.

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Lucifer es una mala persona

Debate 23FUn español haciendo una crítica es como un zombi echando un piropo. Hablamos aquí del típico socialdemócrata ibérico incapaz de comprender la complejidad de aquello de lo que habla. No obstante, intenta enseñarnos cuál es la realidad que tan bien conoce y cómo hay que pensar para no parecer un extremoso. Usará palabras demasiado predecibles y sacadas directamente de sus medios de comunicación favoritos. Nunca original ni genuino. Aunque haya un intento honrado por querer revelar la verdad a los demás, la ignorancia, como casi siempre, lo desvirtúa todo.

Por eso escuchar opiniones suele ser tan aburrido. No ya porque no nos interese cambiar nuestra forma de pensar, sino porque ya en la manera de saludar se puede adivinar qué va a decir. Puede que incluso no sea necesario que abra la boca, si es que puedes hacer una buena deducción por el aspecto a lo Sherlock Holmes.

Claro que se puede opinar sobre un tema que no se domina del todo, faltaría más. ¿Qué somos, unos coherentes de mierda? Pero joder, Mike, si no tienes ni puta idea, no lances una crítica con el objetivo de influir en los demás y tratando de que te oiga todo el mundo. Así solo consigues extender el virus del mamonismo.

Por ello, se me ocurre hacer una pequeña lista de algunas de las peores críticas que se pueden hacer, que dicen que hay que cuidar el formato para hacerlo atractivo a la mayoría:

Perogrulladas. Decir que el Partido Popular es malo, no aporta absolutamente nada. No digo que no haya que decirlo, pero llenar minutos y espacios en los medios de comunicación de verdades obvias solo sirve para hacer perder el tiempo del receptor, que el medio de comunicación continúe con su negocio y que el ponzoñoso comentarista se sienta escuchado y saboree cómo es eso de que tanta gente le dé la razón (que para el ego viene bien).

Reñirle al Mal. Quizá sea por el miedo a señalar y ser firme o por no tener ganas de hacer el esfuerzo de concretar, pero se oyen críticas demasiado amplias que poco efecto pueden causar en el enjuiciado. Frases como “todos están corruptos” o “el capitalismo tiene la culpa” pueden ser perfectamente ciertas, pero a mí me dejan más frío de los músculos faciales de Nicolas Cage. ¿Cómo aprender y comprender una entramada situación con esas vaguedades que no explican nada? En el mundillo de esos que quieren crear opinión y realidad, quien mucho abarca, vende, pero no aprieta.

Críticas positivas. En realidad es un eufemismo de peloteo, de la publicidad o propaganda disfrazadas de contenido relevante o quizá se trate de no ser capaz aún de ver el lado negativo. Para hablar bien sin venir a cuento, mejor no hablar. Mostrar afecto con el fin de que lo vea el público y sin que sea necesario, no solo resulta indecoroso, sino que puede confundirse con el interés.

Contar falsedades. No hablo de mentir deliberadamente, sino de relatar unos hechos que son pura ficción pero que por la más dañina ignorancia, se toman por verdaderos. Es dar por cierto mentirijillas como la democracia española, el principio de honestidad, Dios, el imbatible poder del diálogo, que con reformitas y de buen rollo podemos cambiar el mundo tanto tal como pedimos, etc.

Y ya por último, me pregunto: ¿será esta crítica mía alguna de esas?

 

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Hoy tengo un día punk

Destrucción en Beirut¡Muerte y destrucción! Se acabó esa terrible terrible tarea de pensar en el futuro, al menos hoy.  Para qué reflexionar en el arcano de cómo arreglar esta mierda y  rompernos la cabeza intentando averiguar cómo sobrevivir. ¡Muerte y destrucción! Con lo acogedoras con son unas caóticas ruinas urbanas llenas de zombis, españoles y fantasmas.

Que todo se vaya al carajo. Que todo siga su curso natural de estupidez y darwinismo social sobrealimentado. Hoy estoy tan despreocupado que soy capaz de ver la tele. Más aún: soy capaz de buscar noticias en cualquier típico medio de comunicación y creérmelas. ¡Muerte y destrucción!

Hoy estoy tan sediento de trinitrotolueno que sería capaz de acariciar y alimentar a un perro abandonado. Incluso darle una monedilla a un vagabundo de esos que ya ni ponen el vaso de café.

Qué pena que el mosquito anarco-apocalíptico me haya picado esta noche y no justo antes de unas elecciones. Si no, soy capaz hasta de votar. Sí, hoy votaría a cualquier partido revolucionario que comulgara con mis ideas pro-terremóticas. Hoy estoy tan furioso que daría mi voto por ejemplo a los siempre rojazos de Izquierda Unida,  a Podemos (que matarían de un ataque de ilusión al mismísimo Tinkiwinki),  a los misteriosos del Partido X o al Frente Judaico Pupular.

Ah, que punk se ha puesto la tarde y qué bonito es mi pueblo. Que se pudra el Estadoespañolde2014, puta España.  Arriba los pueblos oprimidos y sin libertad para comprar grifa. ¿Que no hay requisitos para la autodeterminación? A la mierda, que se rompa todo. La destrucción es legítima y seguro que legal también si a este y a mí nos sale de los huevos. Porque Madrid es el verdadero infierno, que lo sepáis. Si existiera el alma, tras la muerte irían allí las de todos aquellos que no han votado más de una vez a un partido de la denominada o autodenominada izquierda. Seguro que como penitencia, os harán socios del PP y del Real Madrid. Y tendréis que tragaros la programación entera de Telemadrid. Juas juas juas.

Hay que quemar el Congreso con todos los responsables de esta mierda, tanto los actores como los tramoyistas y los directores del teatro. Lo malo es que cuando ardan todos los políticos,  lo único que harán los no ciudadanos españoles será pedir que pongan a otros mejor preparados y más honestos. Y más responsables y con más nivel de inglés, y más guapos, y menos ricos, y más bellísimas personas y menos corruptos y más simpáticos, y más cercanos y más dialogantes… Me pregunto cuántos millones de personas podrían caber en un Congreso en llamas… Aunque ahora que lo pienso, nada más punk que dejar que todos esos paquetes se ahoguen en sus propias ideas de mierda. ¡Destrucción!

Hoy no quiero esperanza ni creatividad. No hay ganas de leer textos aburridos ni de perder tanto tiempo intentando entenderlo todo. Qué tontería.  Hoy me apetece mandarlo todo al carajo y… Daros la razón.

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Quieto para siempre

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“Ser viejo es lo que tiene, que todo está fatal”

Marchitas las manos y marchitas las piernas. La frente, la boca, el vientre, las ganas… Todo seco. Como el desierto irrecuperable que espera a que el sol se apague y explote para que todo sea Desierto, todo igual de infinito.

“No sé si me dará el jamacuco antes de que vuelvas, así que dame un beso, hijo”.

¿Cómo aprovechar todo el tiempo del mundo cuando en realidad puede estar a punto de agotarse? ¿Cómo flotar en una rutina sabiendo que el único cambio esperable es el de la propia decadencia? Virgencita, que me quede como estoy. No tan dolorido como podría estar, no tan inmóvil como dentro de unos años o dentro de unas horas.

“No te preocupes, para otra vez lo harás. Si fuera mi caso, que a lo mejor el año que viene ya no…”

Cómo no van a perder la cabeza los queridos viejos, tan luchadores en sus tiempos de sangre y mugre, tan resignados a aguantar en estos días de pastillas y cuidados. Cualquier brazo es útil para sujetarse; cualquier mano sirve para robar un poco de calor.

“Si yo no llego a andar todos los días con tanto sufrimiento, ahora estaría en la cama sin poder moverme ya para los restos”.

La mejor  forma de enfocarlo, supongo,  es resignarse. Resignarse: cobarde palabra que hay que comerse con patatas. Resignarse por no hundir la cabeza en la depresión más infructuosa. Pero hay otra forma de sobrevivir a la entropía que consiste en evadirse, en ir al médico, en el aún no. Queda tanto que aún no es una posibilidad. Sin embargo, la vejez te da un sopapo de realidad con huesos quebradizos y dolores eternos, y al final, todo son rendiciones.

“Yo no quiero perder barriga. Todos los que he visto de pronto poniéndose más canijos  se han acabado yendo para allá”.

Cada vez menos, cada vez menos… Se va parando el mundo del viejo mientras su carne se amolda a los bultos del sillón -y no al revés-. Ahí se queda mirando la tele con el único fin de no volver a repasar sus más que pensadas conclusiones.

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Ficción española

Adivinanza. Transcribo aquí un fragmento de la entrevista que le hicieron en La Sexta Noche al Presidente de Galicia,  Alberto Núñez Feijóo, y donde mete un gazapo considerable. Te reto a que tú, que lees esto, lo encuentres. No vale decir “es todo mentira”. Se trata de una expresión, de una forma de concebir la política que comparte con todos los aprietabotones que se sientan en el Congreso de los Diputados.

          “Tenemos un Gobierno que ha dicho que tenemos que hacer una ley más exigente con la financiación de los partidos políticos, que ha dicho que tenemos que regular los sueldos que se pagan a los en los partidos políticos […]. Esto no había ocurrido nunca y ahora hay un Gobierno que está legislando sobre eso, para que los posibles excesos que se hayan podido cometer no vuelvan a ocurrir y que estén tipificados”.

En este fragmento, Feijóo habla de las intenciones del Gobierno sobre cambiar una situación y sobre cómo lo hará: legislando. Lo dice con una naturalidad pasmosa, como si fuese lo normal: “Hay un Gobierno que está legislando”. La periodista que habla con él ni se inmuta, como tampoco nadie presente en el plató. Claro, es que todos pensamos que una función típica del Gobierno es legislar, crear y aprobar leyes. Y ejecutarlas también.  Todo.

Recuerdo que en aquella asignatura que me gustaba tanto de pequeño, Conocimiento del Medio, me explicaron una vez que había una cosa llamada separación de poderes, que había uno que ejecutaba las leyes y otro que las legislaba. En aquella época yo era incapaz de concebir ni comprender esas ideas; igualmente, parece que ahora muy pocos son capaces de entender las reglas básicas.

No voy a entrar hoy en el escandaloso tema de la no separación de poderes. Lo que me llama la atención hoy es que a nadie le importa o que nadie conoce los principios fundamentales para entender  qué hacen los que mandan. Olvidamos (o nunca llegamos a conocer) las reglas de juego y basamos nuestros conocimientos sobre política en lo que nos trasmiten los medios, que es en su mayoría lo que trasmiten los políticos. De esta manera, tenemos capacidad para entender sus frases, sus movimientos, para indignarnos un poco con sus mentiras evidentes y para creer las que no lo son tanto. Pensamos que sus declaraciones de intenciones son palabras importantes que hay que destacar en un titular. Seremos sabios cuando lleguemos a entenderles y  a predecir sus acciones.

Por tanto, a no ser que aparezca un iluminador que nos abofetee con verdades de Perogrullo, estamos en a priori condenados a la manipulación. Ellos también son en su mayoría igual de ignorantes; ellos creen que pueden hacer y nosotros creemos que nos pueden hacer.  Parece que estamos determinados a vivir en un engaño, en una ficción de la que no podemos ser conscientes.

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Los restos de la distancia / Putos poetas

Los restos de la distancia

No todo tú está lejos.

En la cama donde nunca te sofocaste hay arrugas que te pertenecen. Aquí te dejaste algunas curvas cuando mis ganas derritieron aquella magnífica muralla de hielo. Aquí purificas mi sudor seco y me mantienes en forma a tu manera. Aquí… aquí estás sin estar. ¡Maldición! El vacío sabe esconderse entre los mejores recuerdos.

 

Putos poetas

¿Este aire cargado es, entonces, el amor? Y yo pensando que  mi pecho iba estallar. Esperando que mis pies flotaran sobre el éter y que mi vida, vacía como la de todo animal, encontrara un camino que me hiciera olvidar el camino mismo, sin la eterna pregunta: “¿es esto lo mejor?”

Putos poetas, que tan altas expectativas me habéis marcado aquí, a fuego, en las yemas de los dedos y en la punta del labio. ¿Os hicisteis de oro declamando por los fuegos sagrados, por la adoración eterna y el idilio clásico? El corazón no siente ni padece: solo es un músculo que bombea sangre con el fin, en este caso, de que se nos hinche el sexo.

Mentirosos, fariseos, traidores, o peor aún: ¡artistas! Ahora esta miel me sabe a poco, y no encuentro ninfas y luces claras en esta boca. Mi piel se acostumbra demasiado pronto a este cuero multicolor y me hace sudar más que lo cómodo.

Vale. No está mal, no está mal. Pero ni a la legua siento esos temblores que relatáis. Mientras, los demás mortales preguntan: ¿eres ya amor? ¡Vete a freír, borrego! Que ya no sé qué busco: vivir en un milagro o la excusa para seguir siendo animal.

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Gandules y perversos

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¿Cómo que la objetividad no existe? Di que no tienes narices de encontrarla, que hay que estudiar y conocer mucho lo que se habla. Di que eres un vago que no quiere hacer el colosal esfuerzo de buscar la Verdad, o que por intereses oscuros no te interesa. Quizá te gusta habitar en la ideología y no quieres salir más allá de sus cálidos límites.

Para hallar la objetividad hay que saber mucho. Muchísimo. Y además, ser fiel a nuestros conocimientos, a nuestras experiencias. Para esto hay que ser valiente; la verdad es extremadamente peligrosa, como peligrosos somos todos si queremos.  Pero si sabemos lo suficiente y somos honestos, podremos tener criterio. Esa es la palabra mágica: criterio. Y podemos pecar de tener un mal criterio, pero no de abandonar a priori cualquier esfuerzo para llegar a la verdad.

Hay que conocer a los inventores de los conceptos que manejamos hoy en día. Otra clave. Por poner un ejemplo, no podemos asegurar que un país es una democracia o no acudiendo a las definiciones inventadas de cualquier político ignorante. Hay que leer y entender a Montesquieu y a los padres de la Constitución de los Estados Unidos -entre otros- y contrastar más tarde si lo que ellos entendían por democracia lo tenemos hoy en día. ¿Muchos siglos de por medio? La Verdad no evoluciona. ¿Hay que estudiar demasiado y nuestro tiempo es limitado? Para eso están los buenos profesores que sintetizan sus estudios de toda una vida para que podemos entenderlo rápido

La subjetividad solo debería aceptarse cuando estemos ante sentimientos demasiado profundos. Nada más. Un periodista que se reconoce orgullo como subjetivo porque “es inevitable” no debería tener credibilidad. Las opiniones de esos tertulianos ignorantes que tanto efecto tienen sobre la masa no tendrían que ser tomadas en cuenta. Pero aquí se consagra las versiones interesadas de cada uno como algo noticiable y que interesa. Como si reproducirlas y amplificarlas en un medio de comunicación fuese hacer Periodismo.

¡Puaj!

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